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Adiós al negocio de las Artes Marciales

Durante años me he aferrado a querer hacer negocio con las artes marciales. ¡Qué equivocado he estado! Me he “colgado” del marketing y de todas las estrategias despiadadas del capitalismo materialista moderno, con tal de ganar dinero con las artes marciales, y lo que único que he logrado es corromper la enseñanza y “malcriar” a mis alumnos. ¡Gracias a Dios que me he recapacitado! Por eso, a partir de hoy, he decidido dejar de vivir de las artes marciales, para dar paso a una enseñanza dura y exigente, como debe de ser…

En el 2004 decidí dejar mi empleo porque estaba harto de dedicarme a algo que no me gustaba, que no despertaba en mí ninguna pasión. Estaba harto de la rutina, estaba harto de vivir para sobrevivir, porque a final de cuentas no me alcanzaba para vivir dignamente.

Durante alrededor de 14 años fui empleado, y la verdad es que ya estaba cansado de la misma rutina y del ambiente laboral: chismes, dobles caras, y la rutina de hacer algo nada más por ganar dinero. Sentía en mi interior un enorme deseo por dedicarme a algo que me hiciera sentir vivo, algo en lo que sintiera que estaba contribuyendo a la sociedad. Lo único que me hacía sentir vivo eran mis adoradas artes marciales, así que decidí que me iba a dedicar a ellas de tiempo completo.

Durante estos casi 10 años de ser maestro de artes marciales he aprendido mucho y he tenido muchísimos altibajos. Ha habido etapas en las que he estado en la completa miseria y ha habido otras en las que no me ha ido tan mal. Pero en términos generales, las artes marciales nunca han sido un buen negocio para mí.

Me he acercado a mucha gente, entre ellos maestros mismos de artes marciales a quienes les va muy bien económicamente, enseñando y hasta he tenido asesores de negocios para aprender cómo podría hacer que mi modelo de enseñanza me sea lucrativo, pero hasta el momento, mis esfuerzos han sido estériles.

Después de mi último fracaso, después de cerrar mi última escuela hace algunos meses, me hundí en la depresión y tuve una crisis existencial, como las que no había tenido desde que era adolescente, pues terminé cansado, exhausto, enfermo y en bancarrota, por estar “dándome contra la pared” una y otra vez, sin obtener resultados.

Éstos últimos meses, me he retirado a la soledad y los he dedicado a reflexionar, y la verdad, es que no podía pasarme algo mejor, pues ahora he renacido y he obtenido una de las enseñanzas más trascendentales de mi vida, al entender por qué las artes marciales no pueden ser negocio para mí…

Las artes marciales como negocio

Para mi mala suerte, estoy demasiado chapado a la antigua. Yo empecé a entrenar en una época y con maestros de quienes aprendí una enseñanza ruda. Por otro lado, mi espíritu “aventurero” me llevó a buscar durante años, todo aquello que en el pasado formaba parte de la enseñanza de las artes marciales: La filosofía y la espiritualidad. De modo que como maestro, he querido respetar estas 3 cosas: Una enseñanza ruda, filosófica y espiritual. ¡Desafortunadamente éstas 3 cosas ya no son del interés casi de nadie hoy en día!

Con el debido respeto para mis colegas maestros, pero lo que yo he visto, es que el arte marcial ya no es como alguna vez lo fue en la antigüedad: Rudo, filosófico y espiritual… ¡No!… Hoy en día, se ha convertido en un deporte más. Sí, en algunas escuelas se entrena muy duro, pero nada más la parte física, pero no hay tal cosa como filosofía y mucho menos espiritualidad; y lo más cercano a una filosofía, es nada más la memorización de conceptos que en la realidad no se llevan a la práctica.

Hoy en día, las escuelas que está llenas, lo están porque los maestro prácticamente le dan al alumno lo que quiere: Una enseñanza “fácil”, superficial y basada nada más en movimientos físicos. Y no los culpo, pues hoy en día, mantener un Dojo es muy difícil, sobre todo en México, pues las rentas son ridículamente caras, así que mantener una escuela se convierte en una monserga en la que hay que hacer malabares para sacar los gastos (Ya ni se diga para que sea negocio). ¿Y qué sucede entonces? Que los maestros para no perder a los alumnos, los “consienten” y les dan lo que ellos quieren…

En la época en la que yo empecé a entrenar, los sistemas eran largos, había infinidad de técnicas que tenías que aprender para llegar a cinta negra, y un sinfín de desafíos para lograrlo. Hoy en día, un cinta negra se forma en un par de años, y aunque físicamente pueda tener la habilidad física, no la tiene en lo emocional y en lo espiritual.

La “subcultura de la competencia”

Otro gran problema al ver las artes marciales como negocio, es que lo que más deja dinero son los torneos, así que ahora, hay toda una nueva “cultura” de campeones. Es decir, la competencia, la pelea y los torneos se han convertido en una finalidad casi única, ¡Todo gira en torno a competir! Los alumnos dedican todo su esfuerzo a ésta área y ya no les queda tiempo para trabajar con su mente, o con sus emociones.

El otro día me dijo un maestro: …“Es que esa es la finalidad del arte marcial es partirse la cara, ¿si no para que son las artes marciales?”… ¡Que tristeza que este colega piense de esa manera!… ¡No señor, las artes marciales son vastas, inmensas y tienen tantas aplicaciones, que competir, pelear y vivir para ser un “campeón”, es únicamente una etapa y una de tantas aplicaciones y áreas de especialidad que las artes marciales tienen para ofrecernos! Lo que más necesita nuestra sociedad es que los jóvenes aprendan a trabajar en equipo, y no que les sigamos promoviendo la “subcultura de los campeones” individualistas y egoístas.

Hace mucho tiempo que dejé de ir a los torneos porque por todas partes veía lo mismo: Muchachitos obsesionados por ganar, incluso dispuestos a hacer trampa con tal de ganar, y lo que es peor… Maestros dispuestos a hacerse trampa los unos a los otros con tal de que su alumno gane.

Pero ¿porque los maestros no dejan esta subcultura de la competencia? Es muy sencillo, porque es lo que más deja dinero, y también por hábito mecánico, “porque así se ha hecho siempre”.

Es verdad que los jóvenes necesitan competir para ganar seguridad en ellos mismos, pero eso es nada más por un tiempo. Una vez que ganan confianza el siguiente paso es que aprendan a trabajar en grupo, y que empiecen a dominar otras áreas de su desarrollo personal. Pero si un joven no deja de competir y su única finalidad es ser “campeón” siempre, lo que sucede que es que se vuelve arrogante y egoísta.

En mi enseñanza y en las escuelas que he tenido, no he participado en este paradigma, lo que ha sido un punto en contra como negocio.

La “subcultura” de lo rápido y fácil

…”Rápido, fácil, sin dietas, sin ejercicios, sin esfuerzos, en la comodidad de su hogar”… ¿No dictan así casi todos los infomerciales de hoy en día? Bueno pues este paradigma ya está arraigado como un virus en nuestra juventud. Los jóvenes modernos quieren todo rápido, fácil y sin esfuerzo. Por eso el común denominador de los sistemas de artes marciales se han vuelto tan cortos, porque los maestros perderían a la mayoría de sus alumnos si les enseñaran como se debe, si nos les dieran todo rápido.

Yo mismo cometí este error durante algún tiempo. Tenía alumnos ávidos por aprender más y más movimientos y por “atragantarse” de enseñanzas. ¿Y qué sucedía? Que después de un tiempo no se acordaban de nada, sus movimientos estaban corrompidos y su ego, su soberbia seguían intactos, seguían siendo los mismos muchachitos melindrosos y malcriados que llegaron por primera vez al Dojo, pero ahora sabiendo artes marciales.

¿Y la disciplina? ¡Ni se diga! Creo que en esta época es cuando menos tienen disciplina los jóvenes. Y me refiero a los jóvenes específicamente, porque son el común denominador de los alumnos. En los últimos años he visto que de todas las personas que me vienen a pedir informes, cada vez se inscribe menos gente, en proporción al volumen de los interesados. Y de los que se inscriben, la mayoría claudican a los cuantos meses.

En las redes sociales tengo decenas de ex alumnos que constantemente me dicen: “Sensei, quiero regresar a entrenar”… ¡Pero nunca vienen! O vienen de vez en cuando. Cuando les pregunto que qué pasó. Me ponen un montón de pretextos: que si la escuela, que si las tareas, que si no tienen dinero, que si “a su perico le dio diarrea”… ¡Pamplinas!… Los antros están llenos todos los fines de semana, y muchos de éstos jóvenes no faltan religiosamente a sus fiestas. ¡Para eso sí tienen tiempo! Pregúntales por un concierto y seguramente consiguen el dinero a como dé lugar, pero para venir a entrenar, para eso si no tienen dinero o no tienen tiempo.

No es mi intención ser presumido, pero cuando yo entrenaba de joven, trabajaba, estudiaba y aparte iba a entrenar. Era cubre turnos en un Hotel, mis clases eran sábados y domingos en las mañanas, y debido a mis horarios, tenía que pasar 2 días sin dormir con tal de ir a entrenar. Mis compañeros del Hotel, se iban de fiesta cada viernes y yo no me iba de parranda con ellos, porque para mí entrenar era más importante. Así que el cansancio y el tiempo jamás fueron problema para mí. El dinero tampoco lo fue, ni siquiera cuando era adolescente. Me las ingeniaba y veía cómo, pero conseguía el dinero con tal de no faltar. Pero ahora, los chavos no tienen nada de fuerza interior para pasar los obstáculos que les impiden entrenar.

La realidad, es que ya estamos viviendo una época en la que todo es tan fácil, tan rápido. Estamos viviendo una época en la que estamos tan saturados, tan sobre estimulados que los jóvenes están demasiado confundidos y no saben lo que quieren. Ya no tienen disciplina, ni enfoque, ni determinación. Ya no creen que es importante entrenarse.

En mi último Dojo… me cansé de hacer publicidad masiva, me cansé de entrevistar candidatos que me ponían mil peros y que me expresaron mil “melindres” por los cuales según ellos no podían venir a entrenar. Me cansé de las personas que decían: “Oh sí, mañana vengo a inscribirme”… ¡Y jamás se volvían a parar por el Dojo!

El Marketing y la publicidad

En un último intento por tratar de hacer atractivas las enseñanzas, me acerqué a expertos en publicidad, marketing y negocios. No puedo decir que apliqué sus consejos al pie de la letra, primero porque hoy en día una campaña bien hecha, requiere de cantidades estratosféricas de dinero para que funcione. Y por otro lado, porque el marketing y la publicidad en su formato original, son despiadados, manipuladores y están llenos de mentiras, o de promesas que promueven paradigmas incorrectos en el subconsciente de la gente… ¡No podía tampoco participar en ello!

De hecho, en mi última escuela, la alternativa para hacer negocios, era meter diferentes disciplinas, entre ellas, disciplinas “comerciales”. O sea, disciplinas enfocadas a la belleza y la “pseudo salud”. Y perdón que les llame así, pero, he tenido la fortuna de conocer buenos maestros, a los mejores del planeta en muchas áreas, y lo que veo es que en México solo queremos “lo de encimita”. Por ejemplo, el Yoga… Ja, ja. Lo que hacemos en México, en la mayoría de los lugares, eso no es Yoga. El verdadero Yoga es una disciplina tan ruda y tan seria como lo son las artes marciales bien entrenadas. Aquí, la gente nada más quiere hacer un poquito de ejercicio y relacionarse con gente bonita, pero no quieren disciplina real, ni entrenamiento real. Bueno… Tampoco puede participar de esto.
Los grandes “emporios”

¡Tampoco pude competir con los supuestos grandes del Fitness! Ya que como todos los negocios en México, el mercado se va siempre con el que tiene más dinero y recursos. Las tienditas están desapareciendo en una competencia desleal, en la que los grandes emporios están arrasando con los pequeños comercios que no pueden competir ni con sus precios, ni con todo lo que ofrecen. Lo mismo pasa con la industria del Fitness. El mercado se los grandes gimnasios que tienen millones para invertir en lugares sofisticados, contra los que una mediano empresario jamás podrá competir. Y los alumnos… no les interesa una enseñanza verdadera, nada más quieren estar en un lugar lujoso y bonito, aunque la enseñanza sea superficial y fútil…

Hace algunos años, otro colega maestro me dijo: “Si quieres realmente impartir una enseñanza marcial como debe de ser, no pretendas vivir de esto, no intentes hacer negocio con esto. No intentes vivir de tus alumnos”… ¡Qué razón tenía! Pero no quería creerle, no podía creerle, tenía que comprobarlo por mí mismo.

Por querer vivir de mis alumnos, por querer vivir de las artes marciales, me he “prostituido” y he prostituido también las enseñanzas. Yo mismo caí muchas veces en lo que ahora estoy criticando. Yo mismo consentí, mimé y malcrié a mis alumnos con tal de no perderlos, de no perder su mensualidad, aunque fueran groseros, melindrosos y holgazanes. Con tal de ganar dinero, yo también les promoví muchas veces, paradigmas que ahora entiendo, no eran lo mejor para su formación y para su educación. ¡Pero basta! ¡Gracias a Dios que me he dado cuenta! Gracias a Dios que he despertado y que ahora veo las cosas como son, y que estoy dispuesto a cambiar.

Mi nuevo modelo de enseñanza

A partir de hoy, voy a enseñar artes marciales como debe de ser, como se llegó a enseñar en la antigüedad…
Después de siglos de que las artes marciales fueron despiadados sistemas de combate, finalmente éstas se fusionaron con la filosofía y la espiritualidad. El pináculo de la enseñanza de las artes marciales, de la verdadera enseñanza de las artes marciales, es donde convergen: La rudeza del guerrero y el amor y la paz interior del monje. Esa clase de enseñanza, esa clase de formación, fue el punto más elevado de evolución que la enseñanza de las artes marciales alcanzó en la historia. ¿Pero qué pasó?

Que nación la era moderna, en la que nuestros antepasados querían “que sus hijos no sufrieran todo lo que ellos tuvieron que sufrir” para ganarse las  cosas. Y en su afán de hacernos un bien, nos hicieron un mal, pues contribuyeron a crear una nueva generación de jóvenes mimados, indisciplinados e indolentes, y la enseñanza de las artes marciales no fue la excepción a esta regla.

Yo creo que lo que más necesita nuestra sociedad hoy en día, es mano dura. Yo creo que lo que más necesita nuestra juventud hoy en día es volver a los principios antiguos, a esos que se perdieron cuando los maestros eran exigentes, y no nada más en la formación física, sino también en la formación mental, emocional y espiritual.
Yo mismo me he entrenado así. Yo mismo he pagado el precio de entrenar mi mente, mis emociones y mi espíritu, y he tratado de equilibrar lo mejor que he podido mi propio caos interior ¿Por qué no empezar a exigir a mis alumnos lo mismo?

Así que… a partir de hoy, no solo ya no pretenderé vivir de las artes marciales, ni de mis alumnos… Ya encontraré una manera honesta de ganarme la vida. El asunto es, que como ya no dependeré económicamente de mis alumnos, podré ser el maestro que ellos realmente necesitan: Un maestro rudo, exigente y selectivo.

A partir de hoy, no me importa quedarme sin alumnos, no me importa tener solo uno. No deseo ser popular. No deseo ser “el mejor maestro”. No deseo “formar campeones”… Deseo enseñar como se debe. Y si tan solo un alumno es capaz de asimilar la enseñanza como es, estoy seguro que ese será un mejor aporte a la sociedad, que estar enseñando “campeones” egoístas, que no han dejado de ser niños mimados y melindrosos… A partir de hoy, voy a formar verdaderos Guerreros, guerreros espirituales, gente con verdadero auto control y auto dominio. Alumnos, sí, rudos, pero llenos de amor y de paz interior.

¡Que así sea!

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