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¿Eres un artista marcial o un “chango rudo”?

Hace algunos años, en un seminario con Hanshi Frank Dux, él nos estaba hablando de este chimpancé que aparece en unos vídeos en Youtube, que sale pateando y rompiendo tablas al estilo de un Karateka y nos hízo el siguiente planteamiento: ¿Ese chimpancé es un artista marcial? ¿Qué hace que un artista marcial lo sea? ¿Cuál es la diferencia entre un verdadero artista marcial y alguien que nada más tira patadas, golpes y sabe cómo lastimar a otro?

En ese seminario, las personas empezamos a opinar y todos estuvimos de acuerdo en que ese chango no era un artista marcial ¿Por qué? Porque un artista marcial tiene un código de conducta, una serie de principios que sigue y respeta, mientras que el chango no puede hacer tal cosa, así que no es un artista marcial, ¡Solo es un chango rudo! El chango no puede saber cuándo y en qué momento es correcto utilizar tales habilidades. El asunto es que este criterio no se limita nada más a este chimpancé… en la vida, también existen humanos que se comportan como “changos rudos”…

Durante siglos, los orientales se rehusaron a enseñar los secretos de las artes marciales a los occidentales. Los japoneses nos lamaban “Guaijínes” y los chinos “Guailós”, que significa: “Demonios blancos”. Decían que el hombre occidental era vulgar, que no tenía refinamiento. Se nos consideraba como hombres impacientes y materialistas, que buscamos nada más lo superficial y hacemos a un lado el espíritu sutil y hermoso de las cosas. Decían que si nos enseñaban artes marciales, las utilizaríamos de esta manera, que aprenderíamos nada más los movimientos y deshecharíamos todo lo bello, lo espiritual, y que además lo utilizaríamos para actos egoístas. De hecho, en las épocas mismas de Bruce Lee, él tuvo muchos problemas serios con la comunidad china en los EU, porque le reclamaban estar compartiendo secretos de las artes marciales con los “Guailós”

Personalmente, agradezco a Bruce Lee y a todos aquellos que nos hicieron el favor de compartir la hermosura de la cultura oriental y junto con ella, las artes marciales. Para mí, la práctica de las artes marciales ha sido una aventura de superación personal y un viaje lleno de sorpresas a lo largo del descubrimiento de lo que el cuerpo humano es capaz de hacer, pero… una parte de mí también está de acuerdo con lo pensaban de nosotros los orientales antiguos: Es verdad, somos materialistas, superficiales y vulgares. Esta es una idea muy difícil de entender porque además, somos arrogantes y “cerrados”, no nos es posible distanciarnos de nosotros mismos y ver nuestros propios errores (Lo que también conformaba una práctica antigua, ahora extinta). Por supuesto, existen grandiosos exponentes de artes marciales en México y en el mundo, quienes además son extraordinarias personas, pero seamos honestos, son muy pocos en comparación con lo grande que es la comunidad de artes marciales

Después de poco más de 30 años de entrenar artes marciales, me atrevo a decir que abundan los “changos rudos” y no nada más en la sociedad, sino en el ambiente mismo de las artes marciales. Es muy triste decirlo pero, en las artes marciales hay muchos practicantes que son personas sin estudios, sin cultura, sin hábitos refinados, personas a quienes nada más les interesa el entrenamiento físico, y hasta me he topado con practicantes y “maestros” que son “Bullys”, ya sabes, como el clásico maestro malvado de la palícula “Karate Kid”, que se sienten muy “machos” y enseñan a sus alumnos a ser abusivos y a regocijarse malsanamente, ridiculizando y burlándose de los defectos y fallas de los demás

Entre la cultura oriental que vió nacer a las artes marciales, y nuestra “cultura” moderna occidental, hay todo un abismo de diferencia. Si no hemos estudiado a fondo las filosofías orientales, no podemos entender estas diferencias, y resulta muy importante que como practicantes de las artes marciales no ignoremos estos aspectos, ya que en ellos se encuentra la clave para practicar, enseñar y fomentar las artes marciales, desde los más elevados criterios

Las artes marciales son poder. Aprender cómo lastimar a otro ser humano es en realidad una gran responsabilidad moral, pues un hombre que se hace más fuerte, debería saber dar uso correcto a ese poder, utilizándolo con justicia, protegiendo a los más débiles. Pero tal vez lo más importante de esto es que el poder que nos dan las artes marciales, deberíamos utilizarlo para practicar el auto dominio, el auto control ¿De qué nos sirve saber tanto de artes marciales si somos iracundos y nos la pasamos expresando emociones negativas y siendo un mal ejemplo para la juventud? ¿De qué le sirve a un jovencito tener su casa llena de trofeos y ser un “campeón de artes marciales, si carece de carácter, si se pone a llorar y hace un “tamaño berrinche” si pierde en una competencia? ¿En qué beneficia a la formación de un joven, el que se sienta exageradamente feliz después de haber ganado una competencia y haberle roto la nariz a su oponente? Estoy de acuerdo en que la competencia es necesaria durante la formación marcial, y en que uno sale lastimado de vez en cuando al competir, pero no creo que sea correcto para la formación de la juventud, que fomentemos que un practicante se sienta sobre excitado al ganar, sobre todo si acaba de lastimar a otro ser humano

Y hablando de competencia… El paradigma de la competencia está demasiado sobrevaluado en la sociedad y en las artes marciales. Nuestro mundo está dividio porque los hombres somos egoístas y egolatras, y esto es exactamente lo que promueve la competencia, si no se practica un código de conducta y de honor que surja desde lo más profundo del corazón. Nuestra sociedad necesita que la juventud aprenda a trabajar en equipo, que aprenda a ser tolerante con las diferencias ajenas y respetuosos con la forma de ser de los demás, más que el individualismo de los “campeones”… y estas cosas… son exactamente lo que se perdió de las artes marciales cuando las aprendimos los occidentales, tal y como auguraron los antiguos orientales

Hemos perdido contacto con la sensibilidad, con la sutileza y con la paciencia, que antes formaron parte de la práctica marcial. En las academias de artes marciales, abundan los alumnos que quieren todo rápido, fácil. Los jóvenes quieren aprender más cantidad en movimientos y desarrollan menos calidad, porque no tienen la paciencia para pasar las largas y arduas horas de repeticiones y perfeccionamiento que toma realmente, aprender los movimientos como deben de ser. Y lo maestros, muchos han terminado cediendo a las demandas de estos estudiantes “express”, con tal de no perderlos y poder pagar los gastos que genera tener una escuela, sin darse cuenta que estamos “malcriando” a las nuevas generaciones de artistas marciales, al seguirles fomentando que obtengan todo fácil y rápido

Retomemos los valores, los principios, los códigos de conducta y de honor. Retomémos la parte filosófica e intelectual de las artes marciales. Retomemos las prácticas rudas, arduas y llenas de desafíos que nos obliguen a desarrollar el auto control, el auto dominio. Sin esta clase de conocimiento y prácticas, nuestra tendencia mecánica y primitiva nos llevará a ser “changos rudos”, a ser superficiales y egoístas, a usar el poder que dan las artes marciales del modo incorrecto

…Seamos verdaderos artistas marciales y no “changos rudos”…

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