Please follow and like us:
5

Lo que las artes marciales me han dado

El 6 de enero celebro 36 años de haber conocido el amor de mi vida: Las artes marciales. En honor a mi “aniversario”, quiero hablar de lo que ha significado este hermoso arte en mi vida…

A los 11 años, mi abuelo (¡bendito sea!) me dio como último regalo de Reyes, mi inscripción al Karate, sin que ninguno de los dos supiéramos lo que las artes marciales llegarían a significar en mi vida. Yo era un niño que sufría de sobrepeso y tenía muy baja auto estima. Mis compañeros en la escuela abusaban de mí y se burlaban de mi gordura. No era para nada popular con las niñas, y hasta mis vecinos de la cuadra se negaban a jugar conmigo porque decían que era yo muy torpe y lento. ¡Mi vida era un infierno!

Un día mi abuelo me regaló un póster de Bruce Lee. Yo no sabía quién era y francamente no me importaba. Lo colgué de la pared para no desairarlo porque él parecía más entusiasmado que yo de “tener un póster de Bruce Lee” Con el paso de los días y conforme veía diariamente esa imagen de un chino con el torso desnudo, unos chakos en las manos y cara de “compungido”, comencé a hacerme preguntas: ¿Quién era este tipo? ¿Por qué toda la gente hacía exclamaciones de sorpresa cuando mencionabas el nombre de Bruce Lee? ¿Por qué era tan importante para mi abuelo?

Un buen día, por fin se me hizo ver una película de Bruce Lee: “El regreso del dragón”… Me cuesta trabajo describir en palabras lo que sentí ese día… la perfecta armonía y belleza de sus movimientos, su extraordinaria velocidad,  y esa extraña combinación de furia con humildad en la personalidad de Bruce, me hicieron sentir un profundo deseo aspiracional en mi interior. ¡Yo quería todas esas cosas! Quería aprender a moverme como él, quería llegar algún día a poder expresarme a través del movimiento con tanto esplendor como él lo hacía pero sobre todo, anhelaba sentir esa combinación de humildad con fuerza interior que Bruce Lee irradiaba en su personaje. Llegué a mi casa “vuelto loco” y tirando patadas a “diestra y siniestra”, y al otro día empecé a buscar una escuela de artes marciales donde pudiera entrenar. Me tomó 3 meses encontrar el lugar adecuado y que mi abuelo (quien era mi tutor), me autorizara el presupuesto para inscribirme.

A partir de ese momento, entrenar y dedicar tiempo a perfeccionar cada movimiento, se convirtió en una obsesión: me descubría a mi mismo haciendo los movimientos de las Katas en plena calle o en el transporte público. Rompí una innumerable cantidad de focos practicando con los chakos, y hasta una vez me explotó la lámpara del baño por estar tirando patadas mientras me bañaba. Todo el dolor que sentía por haber sido discriminado, se convirtió en energía que canalicé en el entrenamiento.

Al cabo de más o menos un año, había bajado de peso considerablemente y había embarnecido. De hecho, me convertí en uno de los muchachos más atléticos del colegio, para mi edad. Mi auto estima se fortaleció y todos aquellos que en algún momento se burlaron de mí, comenzaron a verme con respeto. Jamás tuve que pelearme con nadie, ni tuve que golpear a nadie para hacerme respetar. Fue la seguridad que emanaba la que hizo que los demás dejaran de molestarme.

El día de hoy, haciendo una remembranza de mis momentos en las artes marciales a partir de esa fecha, puedo decir que “no todo fue color de rosa”. Tuve muchos altibajos, hubo momentos en los que pensé en dejarlas para siempre, y también hubo meses y algunos años en que no me paré por el Dojo con el pretexto de que tenía mucho trabajo, pero siempre regresaba a entrenar, sobre todo en las épocas de crisis y desafíos. Entrenar artes marciales se convirtió en mi refugio, en mi templo, en mi práctica sagrada. Era lo único que podía darme la fuerza para enfrentar a mis demonios interiores y devolverme el equilibrio.

En 2003, harto de tener un empleo que no amaba, cansado de trabajar tan solo por dinero, decidí que me dedicaría de tiempo completo a lo que siempre había sido mi pasión desde niño: Las artes marciales. Creo que estos últimos 10 años han sido los más difíciles de toda mi vida, pero al mismo tiempo, han sido los más apasionantes y llenos de significado. ¡Jamás durante mi carrera como empleado me sentí tan vivo, tan pleno y tan lleno de entusiasmo a pesar de las dificultades y sinsabores!

Todavía hoy en día, la vida sigue siendo dura a veces para mí (¿Para quién no?), pero orgullosamente puedo afirmar que ya no existe reto que vea demasiado grande, ni circunstancia dolorosa que no me sienta con la fuerza para enfrentar y salir airoso… Y todo eso se lo debo a las artes marciales… Las artes marciales me hicieron, terco, persistente, decidido, desafiante y obsesivo con la perfección. Me hicieron duro y sensible al mismo tiempo, me hicieron “más resistente que una bacteria”. Me puedo caer mil veces, las mismas que vuelvo a pararme y vuelvo a intentar con más ganas. No acabaría de decir las cosas hermosas que he recibido de las artes marciales, no podría parar de mencionar la cantidad de satisfacciones y de personas maravillosas que han entrado a mi vida y que no habría podido conocer, si no fuera por este hermoso arte.

Así que hoy, a 36 años de ese día en que  crucé la puerta del Dojo por primera vez, quiero rendir homenaje a mi abuelo (que en paz descanse), por haberme entusiasmado a entrenar, por haberme auspiciado las clases y… ¡Por haberme regalado ese póster en primera instancia!… elementos sin los cuáles tal vez habría seguido siendo un niño gordo, acomplejado y con baja autoestima.

También quiero darle gracias a la vida y al universo por haber tenido la fortuna de conocer a tan grandiosos maestros, de quienes tuve el honor de aprender aunque sea un poco. Quiero agradecer a los maestros que han vivido para preservar este arte de generación en generación, hasta llegar a nuestros días. Y finalmente, quiero agradecer a toda la comunidad marcial de México y del mundo, por seguir promoviendo incansablemente este espectacular y maravilloso arte… Y al espíritu mismo de las artes marciales: ¡Gracias por existir!…

Facebook Comments

You must be logged in to post a comment.