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Someter la voluntad a las enseñanzas

“Para ser un buen líder, primero hay que ser un buen seguidor”

Tanto en las artes marciales como en la espiritualidad, es muy fácil creer que estamos siguiendo las enseñanzas cuando en realidad nos encontramos en nuestra zona de confort, haciendo solo lo que es más fácil y cómodo, sin embargo, los mejores maestros han sido primero grandes alumnos. Tú… ¿Eres un buen seguidor de las enseñanzas que practicas?

Barba Roja

En la película de Aikira Kurosawa: “Barba Roja”, hay una analogía extraordinaria sobre lo que es la actitud correcta ante un maestro y una enseñanza.

La historia nos sitúa en una pequeña provincia del Japón a mediados del siglo pasado, en la que un nuevo Médico, recién graduado de la escuela, llega como asistente del Doctor en jefe de un hospital rural, un Médico y maestro a quienes todos respetan no solo como su doctor, sino como líder y guía espiritual, y a quien apodan “Barba Roja”.

El nuevo recluta llega lleno de soberbia por haber estudiado en el mejor colegio y por venir lleno de conocimientos que él considera superiores a lo que ve en aquél humilde hospital, así que se la pasa criticando a Barba Roja y sus métodos.

Durante este lapso de tiempo, Barba Roja permanece impávido ante los constantes reproches y desplantes de ego del joven Médico, hasta que un buen día, a partir de ver los resultados negativos de su forma de pensar y proceder, el joven Médico por fin deja caer su ego, va con Barba Roja, cae de rodillas y le confiesa cómo es que se ha metido en un montón de problemas por su forma de pensar errónea…

Esta es una muy buena película que te recomiendo ver, y es una historia muy cierta y aplicable a la enseñanza de cualquier época.

La soberbia de la juventud

Pecaría al culpar a los jóvenes por ser a veces tan soberbios y cerrados, pues yo también fui joven y fui muy soberbio y cerrado. Como dice el dicho: “antes de ser viejo y sabio, primero tienes que ser joven y estúpido”… Pues yo fui bastante estúpido…

No obstante, esta estupidez es buena y necesaria, pues hay una etapa en la que como joven, tienes una enorme necesidad de crecer, de demostrar que eres fuerte, de demostrar que sabes mucho y de enseñarle tu valía al mundo. Es la etapa en la que los muchachos están llenos de testosterona y son agresivos y desafiantes con los adultos, con sus padres y en general, con toda figura de autoridad.

Desafortunadamente y para ser realistas, la mayoría no se reponen a esta etapa jamás, pues hay infinidad de adultos e incluso hombres mayores que permanecen toda su vida en este estado de negación y soberbia, con esa actitud de: “Yo lo sé todo”, “tú a mí no me vas a enseñar”, lo cual es muy triste y desafortunado, pues en ese estado uno deja de aprender.

Someter realmente a la voluntad

“Tienes que mantenerte rompiéndote el corazón hasta que este se abra” Rumi

En una de mis últimas escuelas espirituales, tuve un maestro bastante singular, que tenía un discipulado muy riguroso. Él nos decía constantemente: “Somete tu voluntad, no seas necio, no creas que sabes, el que cree que sabe, no sabe nada, el que más presume es el que más carece. Ábrete, sé humilde. Acepta que los demás te digan tus errores y acéptalos sin tratar de defenderte, si tienen razón agradéceles porque te están ayudando a crecer. Si no tienen razón, agradéceles por sus buenas intenciones”…

De hecho, una de las cosas más grandes que he hecho en mi vida, fue haber ido con este maestro y decirle que por favor me dijera todo lo que viera en mí que estaba mal, pues yo llegué ante él como el médico de Barba Roja, y al igual que éste, alcancé un punto en el que me di cuenta de mis errores, cuando mi vida se volvió muy dolorosa.

A partir de ese momento, él se volvió implacable conmigo. Me exigía más que a los demás, me “humillaba” en público. No me reconocía mis logros, al contrario, los minimizaba y me exigía cada vez más y más. Había veces en las que me arrepentía de haberle pedido que me ayudara a machacar mi ego, pero terminaba por entender que mi deseo por reconocimiento era superficial y mezquino.

Tal vez haya un etapa en tu vida en la que sí necesitas de reconocimiento y aprobación, ¡pero eso es cuando eres un niño!, una vez que has crecido, necesitas mano dura para crecer, y es por eso que una buena enseñanza debe ser dura y hecha para triturar el ego.

Antes de finalizar el artículo de hoy, te voy a contar otra historia que escuché de otro maestro espiritual…

Shilby

Se dice que en la India antigua vivió un hombre llamado Shilby, quien era un hombre lleno de soberbia. Era mezquino, mentiroso, interesado y egoísta. Un día Shilby decidió cambiar y fué en busca de un maestro espiritual. Cuando lo encontró, el maestro le puso muchas pruebas antes de aceptarlo como discípulo. Después de meses de trabajo y de demostrarle a su maestro humildad, por fin fue aceptado en el monasterio como el más humilde de los sirvientes. Lavaba trastes, fregaba pisos, limpiaba los baños y servía a los monjes. No tenía permiso para preguntar nada, y tampoco podía hablar mucho.

Después de algunos años en el monasterio, un buen día, el maestro entró a una habitación donde Shilby estaba lavando el piso mientras silbaba una dulce melodía. El Maestro le pregunto: “Eh ¿Cómo está Shilby hoy?” Shilby volteó y le contesto: “¿Shilby? ¿Quién es Shilby? El Maestro sonrió complacido y le dijo: ¡Por fin lo has conseguido!

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